La fiesta era de cumpleaños de su tía y llevábamos casi tres años juntos. Yo conocía a toda la familia, así que me sentía cómoda, demasiado cómoda. Su primo siempre tenía esa energía de persona que coquetea como si no pasara nada, y esa noche los dos estábamos en plan bromista, retándonos con tragos y comentarios que en otro contexto yo habría cortado antes.
En un momento salimos a la terraza para seguir hablando. No fue una escena larguísima ni romántica: fue rápido, impulsivo y estúpido. Pero cuando regresamos, una de las primas nos vio acomodándonos la ropa. Nadie dijo nada ahí mismo, pero al día siguiente la cadena familiar ya había hecho su trabajo y mi novio me llamó con una frialdad que yo nunca le había escuchado.
Ahora lo más humillante no es que me terminaran. Es saber que varias personas me dijeron después que la tensión entre su primo y yo se notaba desde hace meses. Yo juraba que estaba controlando la situación, pero al parecer todo el mundo veía el fuego menos yo.
La Tía remata
Cuando una familia entera ya veía la línea y tú sigues bailando encima, no fue un accidente: fue una decisión demorada.